ÉCLAT

Rosario Briones

ÉCLAT
1º de octubre al 10 de noviembre de 2026
Curaduría: Ale Roux
Texto curatorial

ÉCLAT

El día en que nos reunimos para comenzar a pensar la exposición de Rosario Briones, Eugenio Ottolenghi me explicó los lineamientos de su espacio: artistas contemporáneos cuya práctica tuviera una raíz, un vínculo con la tradición del arte.

En un tiempo ahistórico me pareció una elección cargada de significado.

Por otro lado, comprendí desde donde partía la decisión conceptual de organizar la primera muestra individual de Briones en OTTO Galería; porque si tuviera que definir cuál es la “familia visual” a la que pertenece su pintura, diría que es aquella del primer expresionismo Europeo, donde el color se liberó de la representación convirtiéndose en medio para expresar la propia subjetividad;  y de su deriva posterior al otro lado del océano, el expresionismo abstracto, donde se renunció a todo tipo de representación para hacer de la pintura un ritual, un canal, donde aquello que subyace a lo consciente emerja con toda la potencia de su lenguaje abstracto.

La pintura de Rosario Briones se nutre de esta tradición, pero a la vez se mezcla con otros lenguajes ajenos y contrapuestos a ella, situando las imágenes en el sabor de lo contemporáneo, que es aquel que no puede establecerse en una única verdad.

La ausencia de representación está redoblada, por así decirlo, ya que en sus pinturas los gestos son expulsados hacia los márgenes, dejando un vacío en la centralidad de la imagen, como si “lo representado” estuviera fuera del cuadro y permanentemente oculto. Es una pintura diáfana, fresca, luminosa, nada grave; esta cualidad se sustenta en la materialidad fluida de la gestualidad: a veces el pigmento y el agua hacen por sí mismos, depositándose con mayor o menor intensidad en las ondulaciones que se forman en el papel mojado, y en otras oportunidades aparece el gesto expresivo, corporal (dominante en el caso de la pintura sobre chapa) creando de este modo un diálogo entre azar e intención; un remake contemporáneo de los dos extremos del arco de posibilidades que fue el expresionismo abstracto: el “dripping” de Pollock con su presencia corporal y el “soak-stain” de Helen Frankenthaler con su dejar que la pintura tiña la tela haciendo que el artista, el hacedor, desaparezca.

Hay también en estas pinturas algo del perfume del “Design” en su relación elegante con el espacio y en su terminación precisa, y en la introducción de materiales ligados al diseño industrial como el acrílico, la chapa, la pintura de autos, esto último cargado de afectividad ya que su historia familiar está estrechamente ligada al mundo automovilístico.

“Éclat” tituló Rosario esta muestra, y lo hizo por el significado del término (destello, resplandor, brillo intenso, fulgor), pero sobre todo por su sonido, en definitiva por su cualidad abstracta.

En el mundo del arte contemporáneo donde las construcciones conceptuales en torno a las imágenes terminan por ocupar la centralidad desplazándolas y hasta a veces ocultándolas, es grato estar frente a un conjunto de obras que permiten volver a hablar de pintura.

Ale Roux
Buenos Aires, Octubre 2026