Cada día

Mónica Canzio

Cada día
1º de julio al 29 de febrero de 2026
Texto: Marina De Caro
Texto curatorial

Cada día

Seguir hablando con Miyuki, cada día

Siempre después del fuego llega el agua.
El taller de Mónica Canzio sufrió un siniestro que no fue una tragedia.
Un incendio de origen incierto quemó el taller mientras estaba preparando la muestra Cada día para OTTO Galería. Con suerte o destino, algunas obras lograron salvarse y, sin descanso, Mónica decide continuar trabajando para su muestra mientras se organiza emocional y prácticamente en la reconstrucción de su taller. Logra el humor suficiente para iniciar el viaje después de la casi tragedia.

¿Podemos pensar que sigue metiéndose en la piel de Miyuki aquella mujer, que en la novela de Didier Decoin La oficina de Estanques y Jardines, situado en el japón del siglo XI, también inicia un viaje después de una tragedia, la muerte de su marido, un pescador de carpas? Mónica trabajó en su muestra anterior homenajeando a Miyuki con una serie de kimonos realizados con retazos de telas que sus amigas y amigos le regalaron. La madre de Mónica fue su compañera en la realización y costura de estas prendas.

¿Tienen algo en común Miyuki y Mónica?
Ser familia con el agua, las une. El padre de Mónica solía salir con su familia a navegar y pescar o simplemente para sentirse pez.

Cada día es el pequeño intento de alguien que deja de pensar mucho más allá del hoy, un paso a paso para reconstruir la existencia y hacerla tangible, queriendo reproducir con un gesto la propia presencia.  Las huellas de una red de pesca guían esta muestra, los rastros del carbón son el último resto de los recuerdos.

La textura de la prenda de una amiga, la llevó hasta las redes de pesca de su padre, la prenda de su amiga quedó en la anécdota. Las obras que Mónica presenta en esta muestra, pareciera que nos acercan a ese legado líquido de pescadores, hacer memoria o imprimir memoria. Un movimiento es suficiente, es la consigna de Mónica en esta serie de trabajos que se debaten entre la pintura y el dibujo. No representa, presenta las marcas resultantes de la huella de la red que, cargada de pintura, deja un delicadísimo rastro en un fondo color carbón. Mónica imprime la red en tela o papel, de manera simple, sólo apoyándola o con gestos de oleaje furioso dentro de una cabina de barco pequeña, trasladada al pasillo de su casa. Redes que hacen olas sobre los colores de la costa sacadas de fotos familiares o de archivos afectivos y encontrados. La artista insiste en dejar esa escritura que la atraviesa y a la que uno echa mano en momentos donde el futuro pareciera desvanecerse entre los dedos. Una estela del color; espátula y pintura van marcando el territorio en varios de sus trabajos. Gradaciones cromáticas como la temperatura de la propia luz del día.

Entre el oleaje y la calma.
Con insistencia en la sutileza y la voz del silencio, se acerca a la filosofía japonesa kaizen, la filosofía de los pequeños cambios constantes.

El hoy.  Cada día es un diario de un incendio, con la sensibilidad de quien recoge lo que ya no está mientras recuerda de dónde viene para volver a armar ese camino de piedra que su abuelo le decía que siempre se iba a necesitar, mientras juntos picaban piedras.

Marina de Caro
Mayo 2026